Se estima que aproximadamente el 65% de nuestro peso corporal es agua, aunque este porcentaje puede variar entre el 50% y el 70% dependiendo de la etapa de la vida en la que nos encontremos.
Somos seres compuestos principalmente de agua, sin embargo, a menudo no nos hidratamos adecuadamente, lo cual tiene consecuencias negativas para nuestra piel, cuerpo y mente. Si nos enfocamos en la piel, mantener una hidratación adecuada no solo la mantendrá más flexible y suave, sino que también acelerará su capacidad de cicatrización y mejorará su elasticidad, reduciendo así la aparición de arrugas.
Es crucial aprender a distinguir entre una piel deshidratada y una piel seca; dos condiciones que suelen ser confundidas y erróneamente tratadas. La piel deshidratada es aquella que carece de agua, ya sea por una falta de ingesta o por una pérdida excesiva de la misma, y puede presentarse incluso en personas con piel grasa. Generalmente, esta condición es temporal y mejora al aumentar la cantidad de líquidos que consumimos y al utilizar productos hidratantes. Por otro lado, la piel seca se caracteriza por carecer de aceites naturales. Esta condición suele ser más crónica y requiere el uso de productos que proporcionen emolientes y lípidos para restaurar la barrera cutánea.
Nuestro cuerpo es un verdadero genio y su maquinaria se pone en marcha cuando siente que nos estamos quedando cortos de hidratación. Nos manda señales claras de que no le estamos suministrando la cantidad necesaria de agua para funcionar a pleno rendimiento. Esto se traduce en síntomas obvios, como una sed insaciable, pero también en señales más sutiles y difíciles de descifrar, como mareos, falta de concentración y un deseo desmedido de saborear algo dulce.
Señales visibles en nuestra piel de que no estamos hidratados adecuadamente:
- Piel sin brillo: La falta de hidratación puede dar lugar a una apariencia opaca y la pérdida de luminosidad en la piel.
- Acentuación de líneas finas y arrugas: La deshidratación puede hacer que las líneas y arrugas se vean más pronunciadas, ya que la piel pierde elasticidad.
- Textura áspera: La piel puede sentirse rugosa debido a la falta de hidratación, lo cual dificulta la renovación celular.
- Enrojecimiento e inflamación: La deshidratación aumenta la sensibilidad de la piel, lo que puede provocar irritación y enrojecimiento.
- Descamación: En casos más graves, la piel puede desprenderse o agrietarse debido a la falta de hidratación, similar a lo que ocurre en los desiertos.
Señales de nuestro cuerpo de que no estamos tomando suficiente agua:
- Sequedad bucal y aumento de la sed: Señales claras y fáciles de interpretar; nuestro cuerpo nos está diciendo que necesita agua.
- Disminución de masa muscular: La masa muscular está compuesta principalmente de agua, por lo que si no bebemos suficiente durante la actividad física, puede aumentar la inflamación de los músculos y causar dolores en las articulaciones y en otras áreas del cuerpo que dependen en gran medida de este líquido.
- Orina oscura: Los riñones se ponen misteriosos y retienen líquido para hacer su magia. Esto significa menos visitas al baño y menos sudoración, como si estuvieran en huelga de líquidos.
- Mareos y falta de concentración: Cuando no recibimos la cantidad de líquido adecuada, nuestras células se ralentizan y producen menos energía. También se reduce la presión arterial y podemos experimentar dolores de cabeza, fatiga, cambios de humor y hasta calambres.
- Aumento del antojo de azúcar: La deshidratación nos hace desear dulces como locos, ya que afecta nuestra capacidad para obtener energía a través de la glucosa.
¿Cuál es la cantidad recomendada de agua que debemos beber al día?
La cantidad adecuada de agua a consumir diariamente puede variar según nuestra actividad física, nuestros hábitos alimentarios y nuestra edad. Para mantenernos hidratados, es suficiente con escuchar a nuestro cuerpo cuando tenemos sed y llevar una dieta rica en frutas y verduras, ya que también obtenemos agua de los alimentos.
Sin embargo, es importante tener en cuenta que cuando hacemos ejercicio, tanto moderado como intenso, es necesario aumentar la ingesta de líquidos debido a la pérdida de agua a través del sudor. Debemos adaptarnos a las necesidades de nuestra actividad deportiva, nuestras necesidades personales y las condiciones climáticas (humedad, temperatura, etc.). Por lo general, se recomienda consumir alrededor de 2 litros (8 vasos) de agua al día, y una buena idea sería incluir dos vasos en cada comida y mantener una alimentación basada en frutas, verduras y hortalizas.
Además de la hidratación interna, también podemos complementarla con algunos consejos externos. Por ejemplo, podemos optar por utilizar cremas que contengan ingredientes como ácido hialurónico o glicerina, los cuales ayudan a atraer y retener la humedad en la piel. También es recomendable evitar duchas largas y calientes, ya que las altas temperaturas pueden eliminar los aceites naturales de nuestra piel.
Fuente : Revista Vogue España – edición online (7 de octubre de 2024)
Editado por Esotérica Blog (2024).
